
Desde luego no doy tiempo ni a que el polvo se deposite con mis continuas idas y venidas del Bar de Barbón. En esta ocasión, y aprovechando mi marcha durante casi toda la semana por digamos "descanso del personal" me gustaria dedicar mi nueva entrada a hablar de un tema que propuso Shinobi_Aoyama AKA Alex tiempo atrás y que me gustaria tocar antes de marchar.
Entre mis deberes quedaran los temas que tanto Haru como Ashura propusieron, tanto por un lado el hablar de los grandes genios y figuras del videojuego como, por otro, hablar de los fallos mas comunes y tontos también en el mundillo del ocio electrónico. Fallos de traducción gordos, glitches mas que sonantes y algunos juegos que, de por si, ya son un fallo en si mismos.
El tema que hoy nos ocupa, si bien no se aleja mucho a lo que suelo tocar cada dia, es como un plato mas del menú diario del chef, si que me hace echar la cabeza atrás, mirar entre mi manojo de recuerdos y echar mano de aquellas cosas que permanecian enterradas en lo mas hondo de mi subconsciente . Cosas perdidas, pero no olvidadas.
Y es que, el periplo entre los 8 y los 16 bits creo que fue una de las épocas doradas del mundo del videojuego si alguna vez tuvieron alguna. Es muy probable que muchos no estén de acuerdo con algunas de las opiniones aqui vertidas, pero me baso en mi propio punto de vista y en mi propia infancia que solo yo vivi.
Decir que en la época de los 8 bits fue cuando yo abri los ojos al mundo del videojuego. Mi padre fue el artífice de enseñarme aquella extraña maquinita que se conectaba a la tele y, acto seguido, extraños gráficos aparecian en pantalla. Motos que se movian al pulsar aquel extraño mando, musiquillas MIDI que se hacian tan pegadizas y una extraña sensación que me negaba el soltar el mando. Seria aquella la primera vez que experimenté lo que era el vicio? El tiempo lo diria.
Aquella extraña máquina respondia al nombre de Master System I, y fue la primera consola de 8 bits que la, para aquellos entonces, todopoderoso Sega habia sacado al mercado. Fue la primera versión de un cacharrusco que tiempo después se llamó Master System II y que mejoró en algunos aspectos la anticualla que me regaló mi padre para uno de mis cumpleaños.