
Desde las atestadas calles de la ciudad sin nombre aparecio una figura que se refugiaba bajo las cornisas de la incesante lluvia. Durante dias llevaba purgándose el mundo, durante largo tiempo las nubes de color ónice habian dejado caer su carga sobre la superficie de una tierra que corria por ponerse a salvo. Como cientos de pequeñas figurinas se peleaban entre ellas por un lugar seco en el que alojarse, como todos galopaban los unos sobre los otros para evitar aquella humedad solida que caia del cielo.
Yo era una de esas personas, esquivando a mis rivales calle tras calle, evadiendo a los que se interponian en mi camino, todos ellos dirigidos por hilos invisibles que los encaminaban a su inevitable destino. Incluso yo llevaba atado a mi cintura una larga cuerda que me estiraba hacia el Bar de Barbón, alli tenia que volver una semana mas y encender una luz mortecina que volviese a iluminar aquel lugar.
Nuevamente los objetivos de la organización de Mr. X apuntaban aún mas alto y comenzaban los preparativos para el ataque a gran escala en el cual nos estabamos uniendo desde que los miembros de B.S.A.M (no confundir con Bestias Salvajes Asesinas Multihiteadoras, aunque tal definición no se aleja demasiado a la mayusculidad de sus ostiazas).
Ya que nuestros enemigos habian desaparecido de la faz de la tierra, era momento de poner nuestras cartas en juego, sacar nuestros ases y comenzar a conquistar aquello por lo que estabamos luchando tanto y tanto tiempo. Era la oportunidad de asestar nuestra puñalada hacia la podrida manzana que era esta bidimensional ciudad y hacerse con el control de ella, poblar las calles con cientos de Galsias y Donovans, convertir los edificios en centros de ocio y esparcimiento con infernal música electrónica y lanzar a nuestro ídolo Mr. X hacia lo mas alto en la cadena de mando en un nuevo edificio que miraria desde el hombro a cualquier otra construcción creada en esa misma ciudad.




